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    BIOGRAFIA DE JR PARDO



    AGUAVIVA, LA QUE MANA Y CORRE NATURALMENTE


    AGUAVIVA llegó en el mometo preciso, como si hubiera sido un diseño cuidadosamente programado para aparecer cuando hacía falta y para decir las cosas que la gente necesitaba escuchar. Y no fue así. Se construyó de forma natural, como nacen y se hacen todos los grupos en el mundo: reuniones de jóvenes con inquietudes comunes, dispuestos a plasmarles en canciones, selección de textos, musicalización de los mismos, recluta de componentes y... a echar a andar.


    Corrían los últimos años sesenta y en España se vivía una ebullición que un régimen, acostumbrado a que nada cambiara, no llegaba a advertir. Las cosas estaban cambiando a gran velocidad, aunque en la superficie todo pareciera atado y bien atado. En un piso de Madrid, cercano a la Avenida de América, un estudiante con ansias literarias, José Antonio Muñoz, ponía las bases del nuevo grupo junto a un joven cantautor asturiano que ya había estado en Mágicos, Polaris y Sonor, antes de debutar como intérprete de sus propias canciones. Se llamaba Manolo Díaz y el público le conocía principalmente por su "Postguerra" aunque también había escrito para Massiel o Manolo Pelayo.


    A ambos les movían los mismos ideales. Seleccionaron cuidadosamente los poemas y los autores y Manolo Díaz les fue poniendo música. Ellos no inventaron lo de musicalizar poetas. Alberto Cortez o Serrat ya habían triunfado con Neruda o Machado. Pero encontraron una fórmula propia que respetaba el texto íntegro, recitado, del poema y además le añadía música, armonía y voces. Firmaron por un nuevo sello discográfico, Acción, ligado a la Cadena SER y grabaron su primer disco con una formación tan abierta que ni siquiera fueron los mismos intérpretes quienes empezaron y terminaron el disco. Algunos de los componentes que cantaron en los primeros temas ya ni aparecieron en la portada de aquel álbum, titulado "Cada vez más cerca" cuya portada presentaba el formato de un periódico lleno de noticias de actualidad. En aquel disco estaba “Poetas Andaluces”, un poema del gaditano Rafael Alberti, escrito en 1950, lamentándose de que no se alzara ninguna voz andaluza contra la situación que vivía España en aquel entonces. Pero AGUAVIVA la grabó en el 70 y Alberti creía que en esa época los poetas andaluces ya habían hablado, y con firmeza, contra la dictadura. Al final todo se solucionó añadiendo al título del poema “Poetas andaluces”, ese año 1950, que señalaba así la fecha de su nacimiento.


    En un primer momento, AGUAVIVA no fue recibido con demasiado entusiasmo en España. Un veterano crítico de discos, que trabajaba entonces en la radio oficial, llegó a quejarse del contenido del álbum con una frase que define el espíritu de aquella vieja guardia: “No hemos ganado la guerra para que ahora se escuche a Alberti en nuestras radios”. Sin embargo, en los ambientes progresistas se les recibió como una de las voces más valientes de una época especialmente difícil. Donde causaron sensación fue en Europa. La conquista empezó con la VI Mostra de Venecia, en 1970, donde cantaron po0r primera vez fuera de España con una acogida inesperadamente elogiosa. Luego llegaron las actuaciones de Portugal y el Midem de Cannes del 71, en la que repitieron el triunfo y, tras él, la llamada de televisiones y organizadores de festivales de toda Europa que les reclamaban como auténticas estrellas.


    En 1971 participaron por primera vez en el Festival de San Remo, en una etapa en que las canciones tenían dos defensores, habitualmente uno italiano y otro extranjero. AGUAVIVA interpretó “13 Storia D’oggi” formando tándem con Al Bano y pasaron a la final. Al año siguiente repitieron experiencia, pero ya sin compartir responsabilidades, pues ese año solo había un intérprete por canción y pasaron también a la final con “Ciao, amico, ciao”. Entretanto recorrieron Europa, casi siempre en un autobús en el que, además de los cantantes y músicos, llegaban a viajar los hijos, todavía bebés, de algunos componentes. Eran como una gran familia que, sin embargo, cambiaba de miembros con enorme velocidad. Eso llevó a un periódico italiano a escribir que AGUAVIVA estaba compuesto por 32 componentes aunque para el Festival de San Remo habían enviado una formación ¡reducida! de doce miembros. En otro periódico se utilizó la cifra de 64 componentes, pues quizás interpretaban mal la explicación de que por el grupo habían pasado, a lo largo de su historia, dos o tres decenas de miembros. Entre los más duraderos y representativos de esa forma de ser de AGUAVIVA se podría citar a Carmen Sarabia, Rosa Sanz, Luis Gómez-Escolar, José María Jiménez, Ricardo Duque, Juan Carlos Ramírez Llach, Pepe Egea además de José Antonio Muñoz y Manolo Díaz, socios fundadores. En 1971 AGUAVIVA editaba su segundo álbum, “Apocalipsis”, con un formato similar al anterior: una selección de poemas que eran recitados, casi siempre en la voz de José Antonio, y cantados por todos sus compañeros. De nuevo el equilibrio en la elaboración de los temas era fundamental: la elección de los textos era tan importante como su puesta en música y eso hizo que AGUAVIVA no cometiera en error de ceder la primacía a uno de ambos aspectos, habitual en formaciones de ese tipo. Los hay que se convierten en excelentes intérpretes de canciones vacías mientras que otros prefieren densos textos con música de escasa inspiración.


    En el 72, con gran regularidad, aparecía “La Casa de San Jamás”, una obra conceptual en la que no se recurría ya a textos ajenos y donde había músicas de varios componentes de AGUAVIVA, labor que hasta entonces había realizado Manolo Díaz. Son los tres primeros álbumes de un grupo que supo ser diferente sin alejarse por ello de las exigencias de una sociedad ávida de escuchar verdades como las que ellos cantaban. Su éxito fue tal que, en esos tres primeros años, vieron sus discos editados en toda Europa y que el primero, “Cada vez más cerca”, llegara a ser publicado en los Estados Unidos con el título “Aguaviva, 12 who sing of revolution” y con la voz de Raúl Juliá recitando en inglés la parte que José Antonio Muñoz había grabado en castellano. Los propios AGUAVIVA grabaron en italiano y sus discos aparecieron con regularidad en Francia, Italia, Holanda, Alemania, Portugal y hasta en Angola, país al que fueron invitados a cantar pocas horas antes de estallar la guerra que les llevaría a la independencia. Cantaron en todos esos países, con estatus de estrella y teniendo como complemento algunos cantantes de esos que nuestras televisiones llaman como grandes atracciones con cheques llenos de ceros. Todavía editarían un álbum más, muy minoritario, en el sello Acción, con el título de “Cosmonauta”. Luego llegó la venta del sello original y pasaría a Ariola, donde editaron un quinto álbum, “Poetas andaluces de ahora” y a EMI donde culminaron su trayectoria con “No hay derecho”.


    Y contabilizamos así los discos, dejando aparte “La invasión de los bárbaros”, un álbum que quedó sin editar en su momento y vería la luz más tarde. Pero la gran carrera de AGUAVIVA se produjo en la primera mitad de los setenta, cuando grabaron con Acción, un sello tan inexperto y primerizo como ellos mismos. Y esa es la etapa que recogemos en este doble álbum, resumen de un tiempo difícil en el que unos jóvenes universitarios supieron encarnar en sus voces el grito de todos los que vivimos aquella época.


    JOSÉ RAMÓN PARDO

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